Herbalismo y Farmacología Parte IV

Medicina romana y árabe

>La medicina romana

Claude Galeno

En la Roma primitiva, la medicina era ejercida por los esclavos, muchos de los cuales no dejaban de tener relativa cultural. La preparación de los medicamentos estaba exclusivamente encomendada a los mismos. Esto no quiere decir que no intervinieran otras personas de más alto rango, pues los médicos más eminentes eran griegos salidos de su país en busca de mejor fortuna. Dos siglos antes de la era cristiana, dos sistemas se disputaron la hegemonía en el arte de curar: el de la terapéutica violenta creada por Archagatus, con complicados polifármacos,y el sistema de los simples suaves, con Asclepiades.

A mediados del siglo I a.C., Tenison de Laodicea fundó la llamada Escuela metodista y Aurelio Celso reunió, años después, cuanto se sabía de estas escuelas y sistemas en su Tratado de Medicina, cuyos cuatro últimos libros estuvieron dedicados a la Farmacia (o preparación de medicamentos) y a la Cirugía. La farmacología de Celso no honra los conocimientos de aquellas épocas, más bién es un conjunto de combinaciones sin orden, entre cuyos componentes figuran las entrañas más repugnantes de ciertos animales, mezcladas con sustancias innombrables. En la Roma de los emperadores, la Farmacia se fue degenerando todavía más, pues se entró de lleno en la época que se daba más importancia a los venenos que a los medicamentos curativos. Nerón tenía a su médico Andrómaco para que le preparara una triaca con la que confiaba ponerse a salvo de cuantos tóxicos pudieran propinarle, y por otra parte, tenía a Locusta, que le proporcionaba ponzoñas para librarse de todas aquellas personas cuya vida le era un estorbo.

Nerón era el símbolo de la sociedad romana de sus tiempos. Plinio fue más un recopilador que un creador y, en realidad, no hizo adelantar las ciencias curativas. En cambio, Claudio Galeno hizo dar un definitivo paso a la Medicina y a la Farmacia, hasta el punto que se le considera como uno de los fundadores de ésta. Dividió definitivamente los medicamentos en dos grandes grupos: en uno de ellos puso los que son resultado exclusivo de las manipulaciones que se practican sobre los materiales medicamentosos y en otro los formados por reacciones que entran en el exclusivo dominio de la Química. A la primera, que es la genuina Farmacia, se le denomina aún en la actualidad Farmacia galénica.

En la Escuela de Alejandría se continuó cultivando la farmacia, siguiendo las normas tradicionales, pero sin aportar novedad alguna. Se distinguieron Oribaso (360), Accio de Amida, Alejandro de Tralles y Pablo de Egino. Sin embargo, el verdadero punto de partida de la Farmacia como ciencia autónoma, separada de la Medicina, fue entre los nestorianos. Estos fundaron la Escuela Médica de Dzenoudisabur en el Kouzistan. Sabor-­Ebn­-Sabel ordenó la recopilación de las fórmulas que gozaban de más fama en un Código oficial que se denominó Krabadin. Esta fue la primera farmacopea oficial, atribuida erróneamente a los árabes.

La medicina árabe

Página del Canon de Avicena

Lo árabes continuaron la obra de los nestorianos, fundando en Bagdad, la primera escuela de Farmacia a la que pronto siguieron igual de importantes. Las enseñanzas versaron al principio sobre la Botánica, pero después se juntaron con la Química, dando paso al desarrollo de la alquimia. Se estableció en todo el califato una legislación especial para la profesión farmacéutica, en relación con la importancia que se le daba a su misión y a los estudios, los cuales eran necesario aprobar para poder ejercerla.

Los autores sobre cuyas obras fundamentaron los árabes sus lecciones fueron Dioscórides para la materia médica y Galeno para la farmacología. En la Química fueron bastante más originales; entre los nuevos materiales que emplearon para la preparación de medicamentos figuraron los tamarindos, el ruibarbo, sen, maná y, sobre todo, el azúcar, con el cual elaboraron los primeros jarabes.

La medicina farmacéutica de los musulmanes se distinguió por una complicación extraordinaria en las respectivas fórmulas. Sin embargo, el principal mérito de los farmacéuticos árabes consistió en el adelanto que supieron imprimir a las operaciones de laboratorio, cuyo inmediato resultado fue la Alquimia, madre de la moderna Química. Resurgió con ellos el arte de la destilación, olvidado desde remotos tiempos, pues lo habían empleado los antiguos egipcios y los propios griegos. El resultado inmediato de este nuevo procedimiento fue la preparación del alcohol y de las aguas destiladas, particularmente de rosas, a la que concedían gran importancia terapéutica.

Entre los farmacéuticos notables que se destacaron a partir del siglo VII, época en la que se Inauguró este renacimiento de la cultura antigua que había sido interrumpida por la decadencia de Roma y la invasión de los bárbaros, figuran Massah Jasaral-Solo, más conocido por el nombre Geber; Razes (siglo X), uno de los de los primeros en incursionar en las bebidas fermentadas del género de la cerveza y quien aplicó sus conocimientos a las formas farmacéuticas; Mesue y Abui-Hassan-Heboto Tolmid, autores de farmacopeas, la de éste último substituyó a las anticuadísimas obras de Serapión y de Avicena, muerto algún tiempo atrás y a quien se debe el célebre Canon de la Medicina.

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