Herbalismo y Farmacología Parte III

medicina griega

Las ciencias de curar en la antigua Grecia.

Las ciencias de curar en la antigua Grecia

Medicina griega

En la Grecia heroica aparecen las ciencias de curar, encerradas en los templos, en los cuales colgaban sus ofrendas los enfermos que habían conseguido curación.

La medicina se servía de fórmulas mágicas, conjuros y otros procedimientos que actualmente quizá se llamarían meta-psíquicos, sin embargo, en muchísimos casos también se acudía a medicamentos.

Pocas noticias ciertas nos han llegado de quienes empleaban estas fórmulas, por más que en las obras de Homero se citan la aristoloquia, la centaura menor y sobre todo las aguas medicinales. Orfeo, Melampo y Chiron aparecen como médicos. Las sectas filosóficas que precedieron a Sócrates, formadas por Thales, Empedocles Demócrito, Pitágoras, sacaron a las ciencias curativas fuera de los recintos hieráticos, preparando la llegada de Hipócrates que inauguró una nueva era para las mismas. Se sabe que existían boticas en la antigua Grecia a cargo de los ayudantes de los médicos y quienes preparaban los medicamentos en base a una especie de código o Farmacopea. Quizá la administración pública tuviera intervención en las mismas, pero como dependían tan directamente de los médicos, aquélla sería en todo caso muy relativa.

Hipócrates sistematizó los grupos de medicamentos, dividiéndolos en purgantes, narcóticos y febrífugos. Para prepararlos se usaban simples vegetales y minerales y algunas sales de naturaleza inorgánica. Las formas farmacéuticas eran numerosísimas, pero sin los jarabes, que no se emplearon hasta que, siglos más adelante, los árabes los dieron a conocer. Platón y Aristóteles se ocuparon del estudio de los materiales farmacéuticos más que de los medicamentos propiamente dichos. Sin embargo, no sentaron nada nuevo respecto a los mismos, limitándose a comentar y ordenar las noticias que de ellos se tenían. Teofrasto, en su Historia de las plantas, tampoco adelantó ningún paso decisivo a la ciencia o arte farmacéutico. No sucedió lo mismo en Alejandría, donde radicaba el núcleo más importante de la cultura egipcia.

Medicina griega

Se distinguieron Erasistrato, Eudemus, Mantias y Zenón de Laodicea. El primero se singularizó por el empleo de los simples vegetales en medicaciones muy sencillas de infusiones y cocimientos; pero en realidad, los cuatro fueron, más bien, entendidos médicos y anatómicos y no especializados en farmacia. En cambio, Apolonio Mys escribió un Tratado sobre los ungüentos, y Andreas de Caryota, otro de Materia médica, titulado Narte. Más tarde, aquel prolijo conjunto de conocimientos que integraban la medicina no pudo persistir sin peligro de confusiones, y se formaron tres ramas: la medicina propiamente dicha, la cirugía y la farmacéutica. No quiere decir que esta última denominación tuviese la misma relación con la farmacia tal como se considera hoy en día, sino que, prescindiendo de todo sistema dogmático y haciendo caso omiso de la psicología y anatomía, apreciaban los síntomas y combatían las enfermedades mediante los medicamentos en oposición con los dietéticos. De ella se derivó la escuela empírica, con Filino de Cos y Serapión, inaugurando los preparados polifármacos. Estos se idearon para curar y prevenir cuantas enfermedades pudieran presentarse, inclusive con las complicaciones que emanaban de las mismas. Las fórmulas de los respectivos preparados llegaron a ser muy complicadas. Se distinguen como profesores de la escuela empírica, Apolonio de Antioquía, Heraclio de Tarento, Zofiro, Antioco Filometor, Artemisa de Caria, Mitrídates del Ponto y Nicandro, con sus poemas a la Triaca y a los Alexifármacos.

La era turbulenta que el mundo atravesaba ponía en sobresalto los ánimos de los monarcas y de personas poderosas, temiendo unos y otros constantemente morir envenenados. Todas ellos protegían a los médicos para que inventaran contravenenos y preservativos de las ponzoñas. De estas circunstancias nacieron las triacas o teriacas, preparados polifármacos compuestos por varios ingredientes distintos (en ocasiones más de 70) de origen vegetal, mineral o animal, incluyendo opio y en ocasiones carne de víbora. Se utilizó desde el siglo III AC., originalmente como antídoto contra venenos, incluyendo los derivados de mordeduras de animales, y posteriormente se utilizó también como medicamento contra numerosas enfermedades, siendo considerado una panacea universal. Algunas, como la célebre de Mitrídates, llevaba el nombre del interesado protector, aunque no hubiese sido él mismo quien la preparara.

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